El contexto y el origen del Club Gregorio Luperón en Puerto Plata

Las décadas de los años 60 y 70, fueron momentos difíciles para el país, acababa de terminar la revolución de abril y se había elegido de manera fraudulenta en 1968, al doctor Joaquín Balaguer, como presidente de la Republica, quien había desatado todo una cacería contra los sectores democráticos, que habían participado en la guerra patriótica de abril. 

Esa política de represión y persecución, se extendió a todo el país, particularmente contra la izquierda, los jóvenes y los clubes culturales y deportivos. 

Algunas de las respuestas de los movimientos de izquierdas, sectores democráticos y progresistas, fue la de incentivar la movilización de la ciudadanía por la defensa de los derechos democráticos de la gente y organizar a los jóvenes a través de los clubes, mediante la promoción de la cultura y el deportes. 

A través de esa política la Línea Roja se destacó y se concentró a desarrollar ese trabajo político, en todo el país. 

La ciudad de Puerto Plata no escapo a esa situación y en particular la de los jóvenes, que habitaban en los barrios más pobres, como eran los Callejones y Playa Oeste. 

En ese entonces, el barrio de los Callejones, concentraba, la mayor indignación de sus moradores, contra la represión balaguerista y por sus derechos ciudadanos. 

Dicho barrio estaba compuesto por personas de origen muy humilde, como eran: obreros, artesanos, chiriperos, pescadores, marinos mercantes y una gran franja de mujeres obreras, que trabajaban, como trilladoras en Munne CxA, Paiewonsky, empresas que se dedicaban a los negocios de importación y exportación de café y cacao. 

Es en ese contexto de pobreza, marginalidad, de represión y persecución política balaguerista, que los jóvenes del barrio se encontraban acorralados por la pobreza, la falta de oportunidades de trabajo, estudio, de recreación sana y sin ningún tipo de protección para defenderse de la represión, que ejercía el gobierno de Balaguer. 

El 14 de junio, se había instalado en el barrio, mucho antes de la guerra de Abril, a través del sistema de organización de célula, pero debido a la división, que sufrió dicho partido en 1968, surgió de su seno, el partido de la Línea Roja del 14 de junio, (28 de Julio de 1968), quien hereda el trabajo realizado por el 14 de junio en el barrio. 

La Línea Roja del 14 de junio, diseña un plan de organización y lucha de los moradores del barrio de los Callejones, donde restablece la célula obrera de los almacenes Paiewonsky, constituida por Luisa Castillo, Lilin Wells, Panana Santos y otras que no me llega a la memoria. 

A nivel sindical, se reorganiza la célula de obreros, que había estado dirigida por Oscar Grullon, pero en el momento de la división del 14 de Junio, se encontraba en China y a su regreso paso a cerrar fila, en el Movimiento Popular Dominicano MPD, quedando la célula bajo la dirección de Julio Sandoval y Chimpin Martínez y de nuevos obreros, que se habían integrados a la Línea Roja. 

A nivel del barrio se formó una célula barrial, en la que participaban: Hipólito López Castillo, Manolo Cabrera, Matías Almonte del Carmen y Chenti Vasquez. 

La célula estudiantil del 14 de junio, que estaba orientada por el profesor Julián Pérez y que fue asistida brevemente por Amaury German Aristy, luego de la división del 14 de junio, esta célula fue reorganizada por la Línea Roja, en la que se integraron nuevos miembros, como: Hipólito Castillo, Rommel Cruz (Boy), Miguel Ángel Castillo y Juan Payero Brisso. 

En la primera reunión de esa célula estudiantil, uno de su miembro Hipólito Castillo, informo que él está trabajando con algunos jóvenes del barrio de los Callejones (donde residía), para formar un club y que necesitaba, que el partido le ayudara. Se tomó una decisión, nombrando a Juan Payero, quien tenía mayor experiencia en el trabajo cultural y deportivo, que asumiera la responsabilidad de acompañar a Hipólito, en el cumplimiento de ese propósito y tarea. 

En el barrio de los Callejones, existían otros jóvenes que aspiraban también a cumplir con el sueño y la meta de que el barrio, tuviera un club, entre ellos: miembros y simpatizantes del Movimiento Popular Dominicano, como fueron: Luis Núñez, Rafael Antonio García, (Melé), Aníbal Núñez, Ana Julia Núñez, Rafael Díaz Gómez (Chino) y otros. 

También, realizaba trabajo político en los Callejones, el Partido Comunista Dominicano, PCD, cuyo orientador, era Sully Saneaux, bajo el seudónimo de Bernardo, sus miembros más notables, eran: Eddy Garden, Coco Valerio, Tony Banks, el Cabo Cheche, Papote Banks y Reyes Collado. La mayoría de ellos, no tuvieron gran incidencia política en el barrio, ni en el esfuerzo por fundar el Club Gregorio Luperón, a excepción de Eddy Garden. 

Otros jóvenes que participaron y fueron mentores del Club, pero que no se organizaron en los partidos de izquierdas, que incidían en el barrio fueron: Manuel Gilbert, uno de los mentores del club, que guardaba cierta simpatía con el PRD, Juan Ventura, Sixto Bonilla, Estanislao Bonilla, Alberto García, Cándido González, Felix Antonio Ramos Cabrera (Manolo), Estanislao Almonte y otros. 

La labor política desarrollada por estos partidos de izquierdas y en particular la Línea Roja del 14 de Junio, quien tenía el mayor peso e incidencia política, cultural y deportiva en el barrio, fue lo que contribuyó a crear una conciencia democrática y progresista en sus moradores, a alejar a los jóvenes de los vicios y de la corrupción y a contribuir en la creación de un importante instrumento de lucha por la cultura y los deportes, como lo fue y es hoy, el Club Gregorio Luperón. 

Con su trabajo tesonero, el Club se convirtió en el heredero y continuador de esas grandes tradiciones democráticas, de los moradores del barrio, que lucharon contra la dictadura ilustrada de Balaguer y el sistema de desigualdad social y de faltas de oportunidades para los jóvenes de la barriada. 

Es en ese contexto, que las ideas democráticas en los moradores del barrio, alcanzan un interés y un crecimiento en su conciencia democrática, un sentido de pertenencia, expresado en la configuración de una cultura barrial, un gran arraigo social, una significativa incidencia en la juventud, un vínculo con otros sectores de la sociedad y un real reconocimiento por todos aquellos sectores democráticos, por su labor cumplida, a favor de la democracia y como personas preocupadas por su pueblo. 

Muchos puertoplateños, que tenían una mirada negativa sobre el barrio, debido al estado de marginalidad, pobreza y corrupción, en que se encontraban sus jóvenes, cambiaron de mentalidad, cuando el barrio se convirtió, en un pequeño faro de luz por los derechos democráticos de la gente, la cultura, los deportes, la equidad y la justicia social. 

Con su trabajo cultural y deportivo y la participación de sus moradores, el Club pudo exhibir un producto, en la que muchos de sus hijos y miembros, alcanzaron ser profesionales y los que no llegaron a esa meta, se comportaron y se comportan hoy, como ciudadanos decentes, ejemplares y de buen servicio al bien común. 

Es a partir de ese contexto, que debemos reconocer el aporte del barrio al desarrollo de las ideas democráticas y a la calidad de la democracia, donde sus moradores dieron muestra de valentía y sacrifico en ese momento tan oscuro de nuestro pueblo, 

Celebrar hoy, el 50 aniversario del Club Gregorio Luperón, es reconocer ese sentido de pertenencia del barrio, en la defensa de su cultura e historia barrial. 

De que algunos sectores de Puerto Plata, no quieran reconocer esa historia y tradición cultural y deportiva del Club Gregorio Luperón, no hay por qué preocuparse, los hechos están ahí, y forman parte de su historia, tradiciones, cultura, y valores, como institución democrática, lo otro es mezquindad. 

El Club se defiende solo, siempre que vea su identidad con sentido de pertenencia y continúe con sus principios originales, cultura, valores, tradiciones e historia de parte de sus dirigentes y miembros y donde los moradores del barrio se sientan satisfechos de lo que hicieron y hacen de manera correcta. 

Ese es el verdadero reconocimiento y el gran valor de la labor cumplida, en la defensa de la cultura, los deportes sanos y los intereses democráticos de la barriada y el país.

Por: Juan Payero Brisso

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