El azar de la historia, la política & la emoción

“Conocer el arte de impresionar la imaginación de las masas es conocer el arte de gobernar.” Alain de Benoist 

¿Qué hacer para producir un cambio político? El teórico marxista Antonio Gramsci, considera que antes de producirse un cambio político, es imprescindible conseguir un accionar cultural hegemónico, tendente a lograr que las ideas a instalar en la denominada consciencia colectiva, cuenten con el consentimiento de los ciudadanos. 

Sobre la base de esta consideración, cualquier proyecto económico, destinado a producir una mercancía exige de manera indefectible, que previamente exista un mercado que consuma lo que se va a producir, partiendo de la aplicación de la máxima elemental de la economía que reza: “La producción es una función matemática del consumo”, lo que traducido al lenguaje común, implica que por donde primero deben pasar los estudios numéricos (de factibilidad) es por los espacios ocupados por consumidores. A los que hay que convencer o inducir para que consuman lo producido, aunque no lo necesiten. 

¿Y en la actividad política, cómo se instala en el sentimiento colectivo un accionar cultural hegemónico, cómo se logra el consentimiento del votante? 

El producto de una propuesta política es un candidato o un programa de gobierno. ¿Qué hacer para que se impresionen y se inclinen hacia un lado u otro de las ofertas, las víctimas de la manipulación o los que miran por los huecos de las ventanas cuando pasa la caravana, o los que han resultado de la función matemática mercadológica del consumo, denominada “estudio de factibilidad”? 

Las respuestas son diferentes, porque en política hay factores (de orígenes distintos) que determinan los resultados electorales, aunque los destinatarios (los votantes, las masas) serán siempre los mismos, sectorizados o de manera global. 

Para adentrarnos en el análisis que justifique el epígrafe que identifica este artículo, tomaremos como punto de apoyo la imaginación popular, surco fecundo en el que se han cultivado dictaduras, despotismo, democracias, absolutismos, populismos, socialismos y, hasta la más poderosa y dañina de las teorías político-económicas: el neoliberalismo. 

Recurriremos a Gustave Le Bon, en su calidad de autor difícil de ignorar, a la hora de analizar las interioridades del sentimiento colectivo, porque sus aportes nos ayudarán a comprender el concepto “masa” y, sobre todo, la consciencia colectiva que él denomina “el alma de las masas”, a la que él considera maleable y propensa a ser afectada por: “…los lados maravillosos y legendarios de los sucesos…” porque según Le Bon, esos lados maravillosos de los sucesos son: “…los que más las impresionan. Y concluye diciendo: Así, los grandes hombres de estado de todas las edades y países, comprendidos los más absolutos déspotas han considerado la imaginación popular como el sostén de su poder". 

Pero, resulta que además de la imaginación popular o “el alma de las masas”, existen otros factores determinantes que producen resultados electorales, entre los que se encuentran las circunstancias críticas de determinados espacios históricos, la casualidad, el azar como categoría histórica, en fin: los imprevistos históricos que generan situaciones extremas que conducen a resultados no planificados en ningún estudio mercadológico previo. Razón por la cual se impone visualizar, de entrada una alianza estratégica entre el azar de la historia y la emoción colectiva. 

Dicho de otra forma, de nada sirve el azar de la historia, sino incide en la conciencia colectiva, en “el alma de las masas”, para producir, a partir de su ocurrencia, un resultado económico y político. 

Las circunstancias críticas de determinados espacios históricos “…los lados maravillosos y legendarios de los sucesos…” deben jugar su rol inductor o manipulador, para conseguir el alojamiento apropiado de las ideas en la denominada consciencia colectiva, en el consentimiento de los electores. Eso justifica el objetivo de este trabajo de investigación, ahí radica el motivo de este ensayo, en determinar cómo influye el azar de la historia y la emoción colectiva, en el destino político de las naciones. Dos ejemplos importantes de inicios del siglo XX, nos servirán para demostrar cómo la historia hace con su dialéctico transcurrir, que se impongan imprevistos o se aprovechen éstos para producir resultados.

Por: Lic. Ángel Artiles Díaz

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