El uso indebido de los antibióticos nos pone en riesgo a todos

Unas 700.000 personas mueren cada año por infecciones resistentes a los antimicrobianos y la culpa es de todos. Desde los criadores de animales y las empresas farmacéuticas hasta del consumidor que decide comprar un antibiótico sin receta. Expertos de la ONU explican qué se puede hacer para solucionar este flagelo.

La alianza de la ONU que promueve el uso responsable de los antibióticos en los seres humanos, los animales y la agricultura a nivel mundial anunció este lunes que ampliará su alcance para incluir al sector medio ambiental.

El anuncio de la Organización Mundial de la Salud, que conforma la “Asociación Tripartita Plus” junto con el Fondo de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial de Sanidad Animal y ahora ONU Medio Ambiente, se realiza al comienzo de la Semana Mundial de Concienciación sobre el Uso de los Antibióticos, que tiene como objetivo dar a conocer el problema de la resistencia a estos medicamentos. 

Los antibióticos son la piedra angular de la medicina moderna, pero el uso indebido en los humanos y los animales han facilitado la aparición y propagación de resistencias, con lo que los fármacos utilizados para tratar las infecciones dejan de ser eficaces.

Además, los antimicrobianos pueden terminar en el suelo, el agua y el medio ambiente, ofreciendo a las bacterias más oportunidades de desarrollar resistencia.

“Lo que nos hemos comenzado a dar cuenta es de la dimensión que puede alcanzar este problema. Por un lado, ha habido un notable crecimiento de las infecciones bacterianas en hospitales que no responden a tratamiento con antibióticos y recientemente se ha estimado que unas 700.000 mueren cada año por infecciones resistentes a los antimicrobianos”, asegura Alejandro Dorado Garcia, especialista en inocuidad de alimentos y resistencia a los antimicrobianos de la FAO.

Según Garcia, "lo más importante" es que las bacterias que están en los animales y son resistentes a tratamiento son transmitidas a los ganaderos, a sus familias, y también se propagan en el medio ambiente. Además, a través de la cadena alimentaria viajan hasta los consumidores, en el pescado, la carne, la leche y los vegetales.

“Este aumento de las especies antimicrobianas en animales y personas lo que ha hecho es sacar a la luz lo extendido que está a nivel global el mal uso o abuso de antimicrobianos tanto en medicina humana como animal y lo que se está proyectando es que las resistencias antimicrobianas sigan creciendo si no comenzamos a actuar de inmediato”, dijo.

Este año el mensaje de la Organización Mundial de la Salud es claro: El uso indebido de los antibióticos es un riesgo para todos.
La importancia de la legislación

Una de las grandes causas del abuso y del mal uso de los antimicrobianos es que no existen normas claras y precisas o no son implementadas de forma adecuada.

“Si podemos adquirir antibióticos directamente en la farmacia sin prescripción o si el ganadero puede utilizarlos sin ningún tipo de control, o si al antibiótico tiene un etiquetado que está en una lengua extranjera es porque no existe una norma al respecto. La legislación va a venir a dar seguridad en cuanto a qué se puede hacer, cómo se puede acceder y cómo se pueden usar los antimicrobianos”, asegura Carmen Bullón, oficial jurista de la FAO.

Según la experta, también es importante que exista una legislación ambiental, para evitar que las empresas farmacéuticas emitan residuos antimicrobianos en los productos alimentarios.

“Es importante que estas normas sean claras, precisas, concretas y estén acompañadas cuando sea necesario de diferentes procedimientos para asegurar que son implementadas de forma eficaz”, dijo.
La importancia de los proyectos de concienciación

Garcia explica que en la FAO se evalúan los conocimientos, actitudes y prácticas respecto a las especies antimicrobianas en diferentes comunidades en África y Asia. Estas investigaciones sirven de base para identificar cómo reducir u optimizar el uso de los antibióticos.

“En definitiva, lo que necesitamos son proyectos que sigan promoviendo las buenas prácticas en la agricultura y la ganadería y que promuevan el uso adecuado de antibióticos pero que, a su vez, incrementen también el acceso a los servicios veterinarios y a unas condiciones de bioseguridad e higiene adecuadas para que los sistemas de producción sean cada vez menos dependientes al uso de antibióticos”, dice.

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