El Baile de los Vasos

La contaminación sonora, por ruido o por alto volumen, es una de las peores desgracias que afecta buena parte de la sociedad dominicana porque lesiona sobremanera, la pacífica y buena convivencia entre vecinos.

Puerto Plata con todos sus municipios, barrios y parajes no es la excepción. Llueven las quejas a través de los diferentes medios de comunicación y contra las mismas autoridades, por la anomia e indiferencia que muchas veces muestran, ante las quejas ciudadanas.

Con todo y que tenemos leyes claras al respecto, es mucha las diligencias que debe realizar el ciudadano para ser atendido por las autoridades de la policía Anti Ruidos y de Medio Ambiente.

Las disposiciones legales están ahí. Ley 287-00 sobre Prevención, Supresión y Limitación de Ruidos Nocivos y la Ley 64-00 de Medio Ambiente.

Necesitamos más promoción de las mismas. Más educación ciudadana sobre ellas. Una especie de concienciación por medio de Talleres, Charlas, Conferencias si se quiere, Conversatorios, en escuelas, colegios, sindicatos, Federación de Juntas de Vecinos, Iglesias, Spots cortos para radio y tv. Lo que consideren.

¡Estamos viviendo en un caos donde nadie respeta a nadie, incluyendo a las mismas autoridades!

Suelen darse números de teléfonos para que el ciudadano llame para realizar su denuncia o la intervención de las autoridades, y muchas veces no se levanta o se toma el teléfono y cuando lo hacen y prometen ir…no van, como si no le importara lo reportado.

Me duele recordar esto: No hace mucho, los medios de prensa difundieron la información en la que un joven mató a su papá, tras este reclamarle bajara un poco el volumen ya pasada las once de la noche. Hecho ocurrido en Pimentel, San Francisco de Macorís.

Por igual, un agente policial resultó muerto de un balazo por un suboficial de la misma institución, luego que este último le recriminara por el alto volumen que llevaba en el carro.

Hechos realmente lamentables y que ponen de manifiesto el estado de irritación que produce el ruido en los seres humanos.

Educar a los niños y adolescentes sobre el daño a la exposición del ruido y alto volumen, contribuirá a que estos a su vez ayuden a sus padres y así toda la familia contribuirá a mantener un espíritu de comprensión y armonía en el vecindario que le ha tocado vivir.

Su vecino, también es un familiar. Cuando tenga una necesidad urgente, el vecino podrá auxiliarle.

Necesitamos autoridades firmes, actuantes dentro del marco de la ley. Sin abusos, pero en el cumplimiento.

Solo así, se podrá controlar anunciantes, vendedores ambulantes, colmadones, barritas, cafeterías, vecinos desaprensivos y abusadores, y hasta los mismos dirigentes políticos que no son capaces de colocar una “tumbadora de coco” llamadas así, por su capacidad de alto volumen frente a sus casas, anunciando sus propias candidaturas pero suelen pasearse por nuestros barrios con un volumen que pone a bailar los vasos.

ramiro_francisco@yahoo.com
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