El combate al caudillismo

El presidente Luis Abinader ha ordenado que no se cuelgue su foto en las paredes de las oficinas públicas con el loable propósito de combatir el caudillismo que tanto ha mermado el ejercicio de la democracia en la República Dominicana.

El intestinal maridaje con el culto a la personalidad que asemeja a los caudillos con dioses amorfos y sin altares, proviene de vetustas visiones de liderazgos populistas sin programas, sin principios y sin ideología, que han impedido la evolución, la renovación, la modernización y el cambio generacional tan primordial para garantizar la práctica de la gestión política.

La mayoría de líderes dominicanos han estado afectados por el síndrome dual del ‘caudillismo mesiánico’ que han practicado en el poder y fuera del poder.

Todos exigen sumisión total, adherencia incondicional, ninguno se retira y terminan rayando en la ridiculez. Se caracterizan por obstruir la alternabilidad, no crean espacios para disentir y compran o anulan los canales hacia la opinión y su visión del poder y la política es la única. 

El ‘caudillismo mesiánico’ puede ser conservador o liberal, de izquierda o de derecha, y sin discusión, lleva sobre sus hombros la culpa de las grandes heridas que sufrido el cuerpo político de la humanidad.

De manera particular, el ‘caudillismo mesiánico’ ha sido de manera predominante el mentor y guía de la historia política dominicana, desde el hatero Pedro Santana a Buenaventura Báez, desde Ulises Heureaux-Lilís- a Horacio Vásquez, a Ramón Cáceres, a Desiderio Arias, a Rafael Leónidas Trujillo, a Joaquín Balaguer, a Leonel Fernández, a Hipólito Mejía, y finalmente a Danilo Medina.

La prohibición de colocar las fotos del Presidente Luis Abinader en las paredes de las oficinas públicas, es un primer paso hacia la eliminación del ‘caudillismo mesiánico’, también debe prohibirse la adulonería colocando en su lugar la institucionalidad.

En hora buena ciudadano presidente.

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