Inflación: Antes, Durante y Después del Cierre por el COVID-19

Por: Roque J. de León Borbón

Para hablar de inflación en un país debemos tomar en cuenta el incremento general sostenido de los precios de bienes y servicios al menos durante un año.

El incremento general de precios o inflación, reduce el poder adquisitivo de los ciudadanos traduciéndoce de forma automática en una reducción en la calidad de su nivel de vida.

El precio es el monto que pagamos por la obtención de un bien y/o servicio, en ocasiones este es definido por los componentes de su costo y los márgenes de beneficios para los productores y los distribuidores o intermediarios; aunque, en los actuales momentos un factor importante lo constituyen la oferta y la demanda en los mercados, las fluctuaciones en la prima de la moneda extranjera y la concienciación de los consumidores.

Recuerdo que en nuestro país en los gobiernos del Doctor Joaquín Balaguer Ricardo y su Partido Reformista de igual manera que en los mandatos del Partido Revolucionario Dominicano, cuando se originaban incrementos de precios, los que hoy se hacen llamar "Empresarios" y que en ese entonces eran "Sindicalistas", organizaban movimientos huelgarios llegando a paralizar todas las actividades productivas por varios días causando pérdidas millonarias a la Economía y en ocasiones lamentables muertes de personas inocentes; los paros eran levantados cuando los gobernantes complacían algunas de las peticiones particulares de los grupos organizadores.

También tengo muy fresco en mi memoria que aún en el año 1996 iba a los supermercados y con alegría veía cómo mis hijos con angelical inocencia tomaban uno y otros artículos hasta llenar el carrito; era gratificante pagar sin mayor sacrificio.

Eso, en la medida que se abrían los mercados y nos transformábamos de una economía primaria-industrial en una economía de servicios, en lugar de producir rubros alimenticios para consumo interno nos convertimos en importadores de los mismos, creando un desequilibrio en la balanza comercial que a su vez presiona hacia el alza la prima de la moneda extranjera y con ella, genera una galopante inflación.

Ese panorama lo hemos padecido período trás período ante el silencio y la mirada cómplice e irresponsable de los que componemos nuestra mal llamada "Sociedad Civil"; aunque debo hacer notar que en una economía abierta condicionada por la oferta y la demanda del mercado no existe control de precios.

Durante el inicio, crecimiento y desarrollo de la pandemia del COVID-19 las fronteras fueron cerradas y República Dominicana no fue la excepción.

Esta cruda realidad dejó como consecuencias para nuestro país la caída del Comercio Internacional, muy especialmente en las áreas de: Turismo, exportación de materiales de construcción, productos avícolas, agrícolas, vegetales y de hortalizas respectivamente al hermano país de Haití, así como a las islas: Saint Thomas, Antigua y Barbuda, Curazao y Tortola.

Por esas razones se originó una gran abundancia y saturación en el mercado nacional de los diferentes rubros alimenticios que exportamos, de lo que disfrutamos todos a precios muy razonables y con excelente calidad. Como era de esperarse, con la apertura de las fronteras y los mercados internacionales la oferta y la demanda al igual que los precios retornaron a la posición anterior.

Cuando en el discurrir del tiempo analizamos el comportamiento de la inflación en nuestra República Dominicana y con ella, la marcada indiferencia mostrada por años por parte de los que se hacían llamar fuerzas vivas; en este momento a todos los que no nos importa quien gobierne pero que creemos en la democracia, tiene que llamarnos la atención el "interés" que ahora les despierta a esos grupos por el incremento en los precios de los artículos que hemos mencionado, ante la situación coyuntural presentada como resultado de la pandemia.

Cada acontecimiento que vivimos nos deja una ensenanza, los administradores del Estado deben aprovechar el parámetro de la demanda interna que deja marcado el paso del COVID-19, que sumada a la cantidad requerida para la exportación tiene que proporcionarnos una correcta planificación de la producción requerida para con calidad y precios razonables satisfacer ambos requerimientos, a la vez que sea rentable para los productores y la cadena de distribución.

La sociedad, de manera seria y responsable debe exigir que los organismos correspondientes se comprometan a generar las investigaciones que sean necesarias, a la vez que dispongan los recursos requeridos para proporcionar en condiciones justas los bienes avícolas, vegetales, de hortalizas y agrícolas que a costos razonables y precios justos demandan los mercados de consumo nacional y nos hagan competitivos en los mercados disponibles.

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