Más Reforma y No Protestante

Por: Ramiro Francisco

Al Presidente de la República, Ministros y Directores

Dentro de las promesas que siempre hacen pública todos los candidatos en campaña electoral y hasta después de llegar al poder, está la reducción del desempleo.

Innegable que con esta pandemia, las oportunidades de empleos se ha reducido considerablemente. Con todo, son loables los esfuerzos desde el gobierno y el sector privado en el renglón turismo, en dinamizar los puestos de trabajo para colocar a miles de candidatos.

Hay marcadas esperanzas en el sector industrial y las Zonas Francas en atraer buena cantidad de obreros y técnicos para sus empresas.

Nuestras Universidades y los Institutos Técnicos entregan a la sociedad miles de graduados en diferentes carreras que luego se encuentran con múltiples obstáculos para entrar como empleados en el mercado laboral de nuestro país.

La dura realidad no para todos es, entregar Currículum en diferentes empresas e instituciones privadas y del gobierno y título en mano abrigar esperanzas de ser llamados a prestar sus servicios.

En esa situación duran años sin ser tomados en cuenta y sus “papeles” tirados en un rincón de un armario cualquiera o una gaveta de escritorio olvidados, estrujados y mohosos por el tiempo

Cuando escribía algunos párrafos de esta cuartilla, alguien nos hizo llegar un artículo escrito por José Francisco Peña Guaba en El Pregonero y que tituló El Poder de la Cama.

Me cae como anillo al dedo. Es parte de lo que algunos llaman el pensamiento colectivo, en el que de buenas a primeras, decenas de personas amanecemos pensando lo mismo, y casi escribiendo las mismas verdades sin conocernos siquiera. Pensamientos coincidentes le llaman también.

Esas mujeres que Peña Guaba llama como “chapiadoras del erario” alcanzan un puesto de trabajo rápido, muy rápido en la administración pública.

No es secreto. En todos los gobiernos que hemos tenido en los últimos 30 años. Sin ser bachilleres ni tener alguna educación técnica ni nada semejante. Ocupan cargos generalmente de secretarias o ayudantes (con perdón de las verdaderas secretarias y ayudantes) y devengan buenos salarios…por “el poder de la cama” como tituló José Francisco Peña Guaba su trabajo.

Para esa área debe encaminarse también una buena y eficaz reforma, para adecuar al Estado de verdaderos servidores capacitados.

No es posible que una joven realmente capacitada, con suficientes años cursados en escuelas, Liceos y Universidades, con Diplomados, Maestrías, Post Grados y hasta Doctorados y que hable uno o más idiomas extranjeros, no alcance metas en nuestro mercado laboral del Estado.

Que el funcionario que desee tener “segunda o tercera base”, la deje en la cancha de su propia vivienda y le pague con su salario, y no un sueldo del Estado sin desempeñar función alguna.

Aspiramos que el cambio llegue hasta esos rincones. Que el hombre o la mujer que trabaje en el Estado, sea por competencia.

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