¿Permitiremos que también ésta vez sea secuestrada la esperanza de progreso de un pueblo que ha creído en la industria turística?

Por: Sixto Peralta

AQUI, MUDO Y MEDITABUNDO:
Difícil, muy difícil es no poder hablar y tener que ocultar aún los pensamientos, para así ser aprobado como políticamente correcto.

Anhelo fervientemente el éxito del actual gobierno de la nación; que sería el éxito de la nación misma; pero ¿Cómo decirlo sin que los opositores al mismo me cataloguen de "arribista", "oportunista" o "lava-sacos"?

Anhelo decirle a la gente del gobierno en Puerto Plata que hay muchas áreas de mejoras para poder aprovechar el flujo de visitantes y turistas convirtiéndolo en negocios generadores de empleos y prosperidad; pero ¿Cómo decirlo sin que los oficialistas se ofendan y me quieran descalificar con etiquetas y estigmas, amén del envío al ostracismo, como en su momento lo hicieron los que "se fueron"?

¿Cuántos autobuses, cuántos minibuses, cuántos taxis, cuántos guías turísticos, necesitaremos y con cuántos de estos contamos?

¿Cuantos baños públicos, cuántos bares y cuántos restaurantes tendrá disponible la ciudad para atender a esos visitantes?

¿Cuándo y cómo serán intervenidos los inmuebles en ruina que nos asemejan a esos pueblos abandonados del Oeste Norteamericano que aparecían en las "Vaqueradas" que soliamos ver en el cine?

¿Quienes y de qué manera estarán coordinando el tránsito, el transporte público, la seguridad, la información y orientación, los trabajos de intervención y reparación de calles, bacheos, podas de árboles, limpieza, recolección de residuos, parqueo de autobuses y demas vehículos utilizados para movilizar a nuestros visitantes y a los que residimos en la ciudad?

Me angustia se origina en el temor que tengo de que seamos incapaces de ofrecerle a los visitantes y turistas una ciudad suficientemente atractiva, segura y hospitalaria. Y es que solo con un territorio así seremos capaces de hacer que estos salgan de los barcos, puertos y hoteles, a disfrutarnos plenamente, produciendose la deseada derrama económica que alcanzaría a muchos.

¿Permitiremos que también ésta vez sea secuestrada la esperanza de progreso de un pueblo que ha creído en la industria turística?

¡Ojalá y me atreviera a decir todo esto en público!, quizás así aparecería alguno con el poder político y el compromiso social con Puerto Plata, interesado en ponerse a la cabeza y guiarnos hacia el éxito deseado.

En tanto me llega el momento del arrojo, sigo aquí, mudo y meditabundo.

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