¿Cómo se articula el ámbito socio-educativo a la reflexión ética?

Toda práctica profesional representa una oportunidad para servir a la sociedad, ya sean  servicios a las personas, a sus posesiones o pertenencias o referentes a necesidades inmateriales. 

El ámbito socio-educativo requiere una agenda que regule el accionar y marque el camino hacia el logro de la satisfacción ética de  necesidades  originadas en la prestación de servicios a cargo del producto de la educación, a la sombra de determinadas condiciones específicas normativas, muchas veces convencionales.

El ámbito socio-educativo se articula a la reflexión ética, bajo la formalización de   normas de comportamiento prohijadas en la tradición institucional de la profesión docente y ahí nace la condición vinculante, prescriptiva y normativa de esta actuación formadora y socializante, que conforma la deontología de dicho servicio social.

La deontología debe ser una constante en la suma de los criterios técnico-científicos que regulan la actividad socio-educativa, porque suministra una magnitud ética al ámbito socio-educativo. La reflexión ética articulada en el ámbito socio-educativo es una fuerza determinante del valor moral de las acciones educativas programadas y no programadas  para los docentes y los estudiantes, sobre la base de valores tales como las responsabilidades morales y sociales que sirven de norte a la práctica docente. 

La reflexión  ética en el ámbito socio-educativo, se fundamenta en valores aunque no los llegue a consumir en su totalidad, garantiza transmisión de conocimiento para proporcionar estilos de vida con dignidad, porque su función pone a disposición del producto de la educación el fortalecimiento de la vida espiritual y la consecución de lo material para la convivencia sostenible.

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