La manipulación como arma política

Por: Angel Artiles Díaz

Dentro de todos los partidos políticos encontramos personas de marcada importancia social y moral, provistos de liderazgos, prestigio y carisma y, por consiguiente, de posibilidades para atraer a miembros de la masa que, dentro del mismo escenario, no responderían a la militancia tradicional de los partidos, tradicionales o no.

Para poder atraer a esas personas no afiliadas a ninguna corriente partidaria,  los llamados ‘dirigentes’ tienden a ensalzar a determinadas personas con arraigo social, a prometerles y a ponerlos a prometer quimeras inalcanzables. Dicho de otra forma: los anestesian, los enganchan en un anzuelo y los usan como carnadas para pescar votantes no alineados en las preferencias partidarias.

Para lograr la indicada manipulación se utiliza el recurso  psicológico del estafador político, que consiste en hacerse entregar el voto silente, por medio de un incauto interpósito, enganchado en el garfio del anzuelo, sin importar la  inevitable decepción,  ni las consecuencias que pudieren derivarse de ese acto de inmoralidad.  
Para engatusar a las personas de marcada importancia social y moral, el estafador político  echa mano a cualquier tipo de recurso emotivo, con tal hacerle creer que valora su aval y le promete sin rubor, el puente sobre el río que no existe.

A los líderes sociales, no partidarios, que   pueden incidir en el alma de la masa incauta, no partidaria también, se les utiliza como carnada para llegar hasta la casa del votante que por diversas razones rechaza la actividad partidaria y que no cree en el dirigente político tradicional, pero producto del artilugio de la manipulación indirecta, acepta enrolarse en las filas de un propósito oculto, hipnotizado por la fe en el amigo, que a su vez es usado como cebo de caña de pescar.

Al líder natural manipulado  lo usan: 
“Cum sórdida veste, tenentes velamenta supplicum” 
(Con ropa sucia, a sostener las pieles del suplicante)

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