Deuda social acumulada con adultos mayores compromiso estatal.

   Por: Roque J. de León B.

La etapa de la Adultez Mayor se considera que es en la que las personas han sumado una gran cantidad de experiencias de la vida y pasado por la mayoría de las metas familiares, profesionales y sociales; pero además se inicia en su existir la más desesperante de las condiciones y fragilidades físicas, sociales y económicas.

Ese importante capítulo de transición para los seres humanos está previsto en algunos países a partir de los 60 años y en otros, a los 65 años de edad.

La vida del envejeciente en este tiempo se le ha tornado tortuosa sin importar a qué nivel social pertenece, porque si es de la clase baja los hijos y los hermanos no pueden atenderlos porque están muy ocupados tratando de sobrevivir, los descendientes de la clase media y alta son descuidados y desamparados emocionalmente porque los suyos andan con mucha prisa y el tiempo no les alcanza para luchar en la búsqueda y consecución de bienes materiales; son egoístas.

Esa tortura se inicia desde la niñez, ya que con nuestras acciones, malos hábitos y comportamientos incorrectos como son: alimentación inapropiada, tabaquismo, drogadicción, alcoholismo, falta de ejercicios y de descanso, entre otros, damos paso en nuestras vidas a la mayor causa de riesgo que tiene un ser humano: la vejez.

Es nuestra mayor causa de riesgo, debido a los descuidos conscientes o no, que nos van generando enfermedades que a su vez nos dañan los diferentes órganos originando en muchas ocasiones, que a destiempo seamos dependientes de terceros.

Debemos criticar con firmeza, que en sociedades pobres como las nuestras en donde las personas que han acumulado experiencias, en lugar de ser útiles y sacar de ellas y sus conocimientos el mejor de los provechos son discriminadas; a diferencia de los países organizados que utilizan el trabajo en ese segmento de la población como su mejor terapia.

Es más que penoso ver personas con edades entre 35 y 45 años de edad que son rechazados en el actual mercado laboral y para sobrevivir deben iniciar con oficios o profesiones que le permitan ejercer como entes liberales o independientes, eso debe ser revisado y corregido.

A todo lo anterior, en nuestro país muy en especial, debemos resaltar la fragilidad en el cumplimiento del espíritu de la Ley 87-1 que instituye el Sistema Dominicano de Servicios de Salud (SDSS) y que tiene descrito como su objetivo principal: "desarrollar los mecanismos de financiamientos para la protección contra los riesgos de vejez, discapacidad, cesantía por edad avanzada, sobrevivencia, enfermedad, entre otras" esas, hasta hoy son letras muertas.

Es preciso resaltar que, desde el antiguo Sistema del Instituto Dominicano de Seguro Social (IDSS) donde miles de obreros, hoy sobrevivientes, dejaron la piel en diferentes ambientes laborales y pagaron las cotizaciones establecidas para que hoy a ellos y a las viudas de otros que no corrieron con la misma dicha de sobrevivir, se les entregue una miseria de RD$10,000.00 a modo de pensión; desde aquel entonces y hasta el día de hoy los Sistema de Seguros de Salud que hemos tenido y tenemos no han sido más que un instrumento para hacer más ricos y poderosos a los grupos político-económicos de las diferentes épocas en nuestro país.

Es el tiempo para que los empleadores, trabajadores y los actores que representan a la Sociedad Civil, incluyendo a los Diputados y Senadores, con la Ley 87-1 en las manos se sienten con el Poder Ejecutivo y el grupo de beneficiarios que manejan los recursos económicos que genera el Sistema Dominicano de Servicios de Salud; para que así en un diálogo franco y honesto determinen si es que ésta debe ser modificada para que el dinero que pagan los patronos y los trabajadores se convierta en la verdadera garantía del disfrute de una vejez digna y tranquila, con un buen seguro de salud y pensiones decentes.

Los envejecientes los vamos procreando con cada presente, tenemos que cuidarlos y garantizarles su tranquilidad, esa es una responsabilidad ESTATAL.

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