Lo que está a la vista no necesita espejuelos.

   Por: Roque J. de León B.

Como puertoplateño iluso tengo el corazón inflado de alegría al mirar tantos extranjeros en nuestro Centro Histórico pero a la vez, siento mucha tristeza al observar el desorden provocado por quienes deben dar y ser el ejemplo.

Puerto Plata es una provincia donde para bien o para mal asumimos abandonar la mayoría de las actividades productivas para apoyar nuestro modelo económico en la Industria del Ocio y del Placer.

Para que esa decisión rinda sus frutos la sociedad debe accionar en torno a un plan bien pensado y diseñado, con clara consciencia de cómo funciona esta delicada actidad y cuales son los compromisos que deben asumir sus actores.

En nuestra provincia tenemos un turismo mixto: habitaciones combinado con playa, sol y ecológico así mismo como el turismo de cruceros.

Debemos resaltar que el de habitaciones lo han ido sustituyendo por la industria inmobiliaria, los que fueron importantes proyectos turísticos, hoy el orden está invertido y ahora son residenciales.

Hay que preguntarse si las autoridades, personas e instituciones que promueven esa transformación han tenido en cuenta lo que busca un visitante cuando compra un paquete en un proyecto turístico y, cuál es el interés de los adquirentes de los apartamentos en el mismo espacio.

Ante esta realidad tenemos que admitir que dependemos del turismo más frágil, el crucerista, que además de su evaluación positiva o negativa de acuerdo a su satisfacción, es determinante el criterio del tour operador en la selección de si repite o no a nuestro destino.

Por eso nos llama poderosamente la atención que no tenemos un orden establecido para movilizar nuestros visitantes, sobre todo en el Centro Histórico, donde los días que llegan los barcos los que transportan a los turistas propician un verdadero desorden y caos con las guaguas, atravesándolas en cualquier lugar.

Esto es fácil de solucionar si se utiliza el parqueo construido en la Avenida Caamaño o simplemente, desmontarlos en esta misma vía o en el malecón y con un cordón de seguridad se les permita caminar y observar el entorno, a la vez que los guían a los lugares establecidos.

Es de suma importancia dar mantenimiento preventivo e higienizar los atractivos existentes, por ejemplo el tramo de la calle San Felipe, entre la Duarte y la Beller debe ser lavado y cambiar las sombrillas cuántas veces sea necesario así como, el Paseo de Doña Blanca además de ser aseado y mantener la ornamentación, deben quitar las flores artificiales, que tanto afean la identificación del lugar.

De igual manera la Plaza Central es uno de los principales atractivos para ser fotografiado y hacerse fotos pero no es posible por el permanente aparcamiento de vehículos en su entorno, situación que tiene que ser solucionada; justo es decir que debe ser construida una gran plaza artesanal donde participen artesanos y artistas de diferentes géneros que expongan sus obras a los visitantes.

Podríamos seguir y hacer un listado inmenso, pero creo que es suficiente para entender que debemos tomar el toro por los cuernos y dar el paso hacia la conscienciación y educación ciudadana a la vez que asumimos el compromiso y el orden, de lo contrario nos digimos por el mismo derrotero que a mediados de los 90's nos dejó sin pito y sin flauto; porque lo que está a la vista no necesita espejuelos.

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