Cuando crecemos nuestros intereses son diferentes.

Por: Roque De Leon Borbon

Los seres humanos de acuerdo a las etapas de sus vidas tienen diferentes intereses, comportamientos y prioridades, si nos detenemos a pensar y a observar notaremos que los niños, en los primeros años de su existir buscan la proximidad con sus padres como una manera de sentirse protegidos e identificados, en este momento hay que guiarlos y educarlos en los buenos valores.

Para la adolescencia ya buscan y exigen sentirse libres, no soportan que los controlen y se vuelven rebeldes, necesitan que los dejen ser, es el nivel más complicado y peligroso en el desarrollo del individuo; los que logran en base a su buena educación superarla con éxito, dan el gran salto a la juventud donde ya pueden identificar qué quieren y necesitan para emprender su verdadero camino en el largo andar de la vida.

Determinan sus áreas de formación técnico-profesional, buscan generar recursos materiales para emprender sus propios proyectos, caminan hacia la auto suficiencia e independencia económica como primer paso para iniciar su propio crecimiento integral.

Luego de acumular algunas experiencias en el sentido amplio de la palabra y bienes materiales, lo  normal debe ser encaminarse hacia su proyecto de familia, donde el ciclo se repite.

 Por eso cuando asumimos formar nuestras familias debemos asegurarnos de elegir una pareja  compatible en: la formación en valores, sentido del concepto de la  familia, interés de crecer juntos, propósitos de tener hijos, entre otros; eso  garantiza que la relación sea funcional a largo plazo.

Al formar nuestro propio hogar la relación con la familia de origen se consolida como amor filial y nos da fortaleza para sostener el interés y el apego a la nuestra, cuando eso no existe, lo demás se hace insostenible.

Así vemos que las tradiciones son parte de la cultura de las sociedades y las familias se encargan de transmitirlas de generación a generación, pero en la medida en que los individuos crecen en conocimiento algunas de estas pueden ir perdiendo vigencia e interés a la vez que, los que eran espacios y tiempo de reflexión son convertidos en excelentes oportunidades para promocionar la diversión y la celebración festiva; basta con mirar hacia la Semana Santa al igual que la Navidad.

Estas por los días feriados que generan, eran épocas que unificaban a la familia con propósitos muy bien definidos: conmemorar la Muerte y Pasión de Jesús y la celebración de su nacimiento en Navidad.

Con el paso del tiempo, el incremento del nivel del conocimiento ha dado un giro a los intereses de las nuevas generaciones en comparación con las que le antecedieron, han ido dejando en el camino parte de esas creencias y tradiciones por lo que los objetivos, parecen ser otros.

Si observamos, aún algunas escuelas y colegios colaboran con estas festividades al prolongar la fecha para el reinicio de las docencias como una reafirmación de que no son días de reflexión sino para vacacionar, haciéndolo reiterativo cuando les asignan trabajos a sus estudiantes a través de los cuales deben describir las actividades desarrolladas en ese tiempo y, el lugar en que lo pasaron; de esa forma originan una competencia brutal entre estos, que nada aporta a su crecimiento integral.

Debemos mantener presente que aunque hayamos crecido y nuestros intereses no sean los mismos, los valores hay que mantenerlos intactos y fortalecerlos para construir una mejor sociedad.

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